Postes sin padres cuando conviene

Pareciera que nos sobra el maquillaje para encubrir con los colores propios
la parte ajena llamada espacio publico
Pareciera que una epidemia territorial encierra el ADN más primitivo de la codicia humana
Pareciera que manchar es tan natural como hacer del uno cuando es todo un dos
Pareciera que presenciamos el peor remedo de pictografía
Pareciera que los postes nacen solos sin un dueño…
¿Qué pasa si un día chocas tu auto contra uno de ellos?
¿Qué pasa si te vuelves loco por una factura alta y te vuelas un poste?
¿Qué pasaría si atentas en cualquier forma física contra uno de ellos?
Pareciera lo más seguro te demandan
Pareciera que ejemplificarían en tu nombre
Pareciera que escarmentarías el peso de la ley
Pareciera que pagarías el costo de tu atrevimiento con algunas cifras
Pareciera entonces que esos postes que se reproducen como Gremlins poseen un dueño
Pareciera entonces que ese dueño es tan culpable por guardar silencio
Pareciera claramente que deja que la responsabilidad recaiga en nosotros
cuando se trata de propiedad privada
Pareciera a todas luces que prefiere el anonimato aderezado con bajo perfil
Pareciera sencillamente que el ofendido o dueño del poste no le importa si lo manchan o pegan
Pareciera que la propiedad privada es pública cuando conviene
Pareciera que las mentes empecinadas en manchar y pegar o venden pintura
o ejecutan su libre albedrío partidario con la esperanza que el color de sus amores sea el que embadurne por sobre los otros su poste
Pareciera que los políticos no se comprometen en cumplir su promesa
Porque al mismo dueño que podría hacer algo y debería dar la cara no hace nada
Pareciera que nos ven la cara cuando apelando a la estética nos pronunciamos por algo que simplemente no es nuestro
Pareciera que aquí el culpable a todas luces no es el que mancha sino el que permite hacerlo
Pareciera que todos asumimos la cuota extra que nos toca es hora de que asuma el que debe asumir.

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